jueves, 18 de junio de 2009

Recortando estrellas I


Carolina dejó de sentirse pequeña por una noche. Se levantó de la cama en busca de un lugar mejor para acurrucarse: el diván de la terraza parecía perfecto. Allí jugaba a las cartas en verano, leía en otoño, lloraba en inverno y comía cerezas en primavera.
Antes de abrir la puerta tomó conciencia de su discreta desnudez (o su sutil vestimenta) y se puso su pantalón de pijama con estrellas color luna que tanto le gustaba a Ómicron, así se sentiría un poco sirena. Sirena nocturna de ciudad. De una ciudad que besa el océano a duras penas (como yo a ti cuando cierro los ojos y me cuelgo los recuerdos en las pestañas)
Ella observaba sus luces, sus edifios germinados caprichosamente al azar. Semáforos: rojo, ambar, verde. El verde siempre le pareció el mejor, era ligeramente infinito. Pero infinito del todo sólo existían dos cosas para la pequeña Carolina: el universo y el amor.
Aquella noche tenía el amor anudado al cuello, sin ejercer presión ninguna, simplemente un dulce dolor, suave y casi placentero en la garganta metido.
No, aquella noche sus ojos giraban en torno al universo y no pudo evitar acordarse de una de sus películas favoritas: "Me imaginaba explorando los secretos del espacio por el bien de la humanidad y observando nuestro diminuto planeta desde el cosmos" Se sorpredión a sí misma diciendo -La Tierra es una horterada.- mientras recortaba las estrellas de su pantalón y las pegaba a modo de collage en la inmensidad de la galaxia.


4 comentarios:

La señorita que nació del humo. dijo...

Un secuestro no.
Mejor que venga porque quiere, ¿No crees?

loco enamorado dijo...

Me encanta como escribes

asemfiehfuin......(L)

marta dijo...

Me gusta muchísimo la pequeña Carolina. Ella, y su modo de pensar y ver la vida.
Me pierdo en tus relatos, son fantásticos.
Un beso MUYGRANDE :)

Anónimo dijo...

Y todas las estrellas le pertenecerían ! aw(L