domingo, 18 de julio de 2010

Cuando la crisis llega al país de las musas.


Una causa malherida, con tacón y minifalda
se arrastra, contonea y suplica
bajo las farolas de las Ramblas.


La luna, mueca de angustia,
dibuja un remolino en su melena,
y esta pobre desdichada se deja bajar la cremallera.


Mil pestañas segadoras, mortales abanicos;
todo el que la ve llorar, llora,
se le hace el corazón añicos.


Y ella, desesperada y jadeante,
en un catre sin amor y sin espuma,
se lamenta una vez más de su fortuna
mientras la confunde con una ignorante.


Y ella, princesa sin corona ni castillo,
fulmina con sus ojos al cabrón que le arrebata,
su dignidad, su mayor tesoro maltrata,
y esconde las lágrimas entre el humo de un pitillo.